El “boom” del conejo de monte.

El “boom” del conejo de monte.

03 de junio de 2013

 

 

Ignacio MUCIENTES

Ingeniero Agrónomo

3/05/2013

 

 

 

El conejo de monte (Oryctolagus cuniculus) es un animal propio de la península ibérica y de sus islas y desde siempre sus poblaciones han sido elevadas, con la excepción de una serie de años. Durante el Pleistoceno existió en gran parte de Europa (Francia, Bélgica, Inglaterra y Alemania); a finales del Pleistoceno Superior desapareció de buena parte de ella y quedó confinado a la península ibérica. Cuando los fenicios llegaron a nuestras costas se quedaron sorprendidos por la abundancia de este mamífero, al que confundieron con el damán, y lo bautizaron con el nombre de Shapan (damán). A la tierra de los damanes (la actual península ibérica) la denominaron “ I-Shapa-im”, que se traduce por “el país de los damanes”. Cuando los romanos llegaron a la península con motivo de la expansión de su imperio, lo latinizaron y la denominaron Hispania. Por tanto, la palabra España tiene su origen primitivo en la palabra fenicia “ I-Shapa-im”.

Pertenece al orden de los Lagomorfos y a la familia de los Lepóridos; con un peso que suele oscilar entre los 900 y 1.400 grs., y con longitudes de cuerpo entre los 40 y 50 cms., suele presentar un pelaje espeso y corto con tonalidades grises, marronáceas y rojizas en función del biotopo en el que se desenvuelve. Su base social está compuesta por grupos entre los 2 y 7 individuos (rara vez pasa de 10) y con un territorio dónde poder vivir que suele ser defendido siempre por el macho dominante. Por lo general no suele ser muy extenso (“el conejo dónde nace, muere”) y sus límites están marcados con los correspondiente cagaliteros y las secreciones de sus glándulas anal, inguinal y submandibular. Los desplazamientos más comunes suelen ser de 500 a 600 m., aunque si bien se han registrado por científicos movimientos de hasta 2.5 y 3 kms., aunque no suele ser lo normal. Es de actividad nocturna y crepuscular, dónde aprovecha para comer; mientras que la menor actividad la presenta desde las 10 hasta las 14 h PM, donde aprovecha para dormir, descansar, asearse y relaciones sociales de grupo. Su hábitat es el propio del monte mediterráneo y rara vez se les contempla en biotopos de más de 1.300 mts., de altitud.

La monta de la coneja es la desencadenante de la ovocitación, que suele acontecer 10-12 horas después de la misma; el tiempo de gestación es de 30 días; la madurez sexual en los machos se da a los 5 meses pero si bien no participan de la reproducción hasta los 9-12; por el contrario las hembras alcanzan la madurez entre los 4-6 meses; la placenta de la coneja es hemo-endotelial: solo una capa celular separa la sangre fetal de la maternal. Por ello la coneja tras el parto está en condiciones de ser cubierta por siguiente vez sin traumas uterino alguno ya que la implantación de la placenta no es compleja. El número de partos es variable según las condiciones por las que atraviese el animal, pero si bien se registra una media de 4 al año (4-5 gazapos de media) en la zona septentrional y 6 en la meridional. Los gazapos nacen ciegos y desnudos en un nido que la coneja construye a parte del bardo (para evitar que el macho los mate) y que forra de pelo que se arranca de su vientre y los amamanta durante los primeros 15-20 días.

En el tema de la alimentación hay que distinguir que los conejos presentan un aspecto a reseñar como es el de la “cropofagía”. Los alimentos siguen primero una digestión enzimática que deja un residuo no digerido constituido principalmente por elementos fibrosos. Cuando este residuo llega al ciego se separa en dos fracciones. Una blanda y otra dura. La dura va a formar las heces duras; y las blanda, las heces blandas. Estas heces blandas van a penetrar en el interior del ciego y se van a obtener de ellas como productos finales ácidos grasos volátiles y productos de síntesis retenidos en los propios microorganismos. Las heces blandas son reingeridas directamente del ano por el conejo durante las horas de la mañana, constituyendo un segundo aporte de nutrientes paralelo al procedente del alimento.

El conejo ha sido la base de la alimentación en todo el medio rural español durante siglos y hasta bien entrada la década de los 80 del pasado S. XX. Muchas generaciones de españolitos han crecido y vivido por la gran cantidad de carne de conejo que han consumido en sus respectivos hogares, pues en muchos de ellos no había recursos con los que poder ganarse la vida excepto la caza y el furtiveo. Idem pasa en la pirámide ecológica dónde se encuentra en su base consumiendo hierba, frutos y especies leñosas y que sirve de alimento a los micro- mamíferos carnívoros. Si bien las dos enfermedades más importantes que han lastrado y en algunos casos diezmado las poblaciones de este lagomorfo son, el mixomavirus (aparecida en España por vez primera en Gerona en 1954; y localizada por primera vez en Montevideo en 1896 y procedente de Italia) y la neumonía hemorrágico vírica (NHV). El mixomavirus (Mixomatosum sanarelli, familia Poxviridae) solo afecta al conejo europeo y se caracteriza por la aparición de edemas mixoides o gelatinosos por diferentes partes del cuerpo que acaban con la vida del animal. Es un virus resistente al frío y a la desecación y es inactivado por la lejía de sosa y el formol al 1 por 100 y también por el calor. La NHV hace que los animales afectados presenten un cuadro hemorrágico difuso y generalizado (por alteraciones en la coagulación), trastornos nerviosos convulsivos y muerte rápida. Es propia del conejo doméstico y se obtuvo información de ella en China en 1984, procedente a su vez de Alemania

Los cazadores españoles y portugueses han estado más de 15 años sin conseguir grandes capturas de estos roedores en muchos de nuestros cotos de caza debido a la aparición de estas dos enfermedades, al incremento de los predadores (córvidos, jabalíes y zorros); a las incorrectas repoblaciones conejiles realizadas; a los cambios sufridos en el hábitat; a la introducción en la zona meridional del conejo australiano en algunas fincas; al incremento de los cazadores; a las construcciones masivas que se han ido comiendo el campo; al cambio climático y en definitiva aún sin fin de fenómenos acontecidos que han provocado que sus poblaciones disminuyesen considerablemente.

Sin embargo, hemos podido leer y ver en los diferentes medios de comunicación, e incluso contemplar con nuestros propios ojos, como desde hace cuatro años las poblaciones de conejo se han recuperado en muchas zonas y han experimentado un crecimiento exponencial. Las cuadrillas de cazadores han matado más conejos, los turismos han atropellado un número significativo de ellos en las carreteras, los predadores han capturado más, muchas personas los han visto por las calles de nuestros barrios y ciudades y por parte de muchos de nuestros cotos de caza se ha tenido que actuar solicitando a la administración que concediese permiso para su captura con hurón por el daño causado en los cultivos. Este “boom demográfico” se debe fundamentalmente a la convivencia de virus-hospedador y al desequilibrio manifiesto de muchos ecosistemas. Los conejos tienen gran capacidad reproductiva por lo que, en poco tiempo, al darse las condiciones, han recuperado sus poblaciones rápidamente. Por contra, sus predadores al contar con más limitaciones reproductivas no han sido capaces de neutralizar el aumento. Tampoco hay que desdeñar, siempre con matices claro está, que los ciclos víricos están cambiando un poco y la aparición de brotes ya no es tan clásica. Por poner un ejemplo, la mixomatosis se está retrasando hasta casi las puertas del invierno y la hemorrágica aparece más en primavera.

Además, parece ser que cada vez son más frecuentes las generaciones de conejos con altas tasas de anticuerpos que les hace resistir a la mixomatosis. La causa es doble, porque por una parte parece ser que los conejos son más resistentes y por otra, parece ser que cada vez las cepas son menos agresivas. Se trata de una convivencia lógica marcada por la selección natural. Por otro lado hay que reseñar que los gazapos cuentan con una cierta inmunidad transmitida por el calostro que les permite convivir e inmunizarse si se dan las condiciones adecuadas. Y no hay que olvidar que el control de vectores (principalmente ectoparásitos, como pulgas y garrapatas) es fundamental para la supervivencia de las poblaciones cunícolas ya que con temperaturas favorables son lo que más fomentan la circulación de virus.

 

 

No hay comentarios.
Debe ser usuario registrado para dejar comentarios.

©2010 Copyright yosoyagricultor.es All Rights Reserved E-mail: info@yosoyagricultor.es